Recuerdo perfectamente el olor que tenía septiembre cuando era pequeño. En algún rincón impermeable al olvido aun tengo impreso el aroma a libros nuevos, a pintura de palo, a sacapuntas y a goma de borrar. Y recuerdo también el momento en el que mi madre nos compraba el chándal nuevo o las zapatillas de deporte días antes de que comenzara el curso. Y cómo mi hermano y yo ardíamos en deseos de que llegara el ocho de septiembre, justo ese día, para poder ponérnoslo todo por primera vez.
Aquel sentimiento de emoción por lo inédito vuelve. Siempre lo hace.

Me estreno en la red. Y lo hago con muchas ganas, con la ilusión y el deseo de compartir lo que soy y lo que me hace feliz. Y me alegra hacerlo con vosotros a través de esta página web.
Me pongo el chándal y me ato fuerte las zapatillas. ¡Allá vamos!
¿Me acompañáis?

Brenda dice:
Para mí septiembre siempre ha olido a mandarinas… Ese olor ácido de las primeras mandarinas y los nervios ante el comienzo del curso vuelven a mí cada año. Antes me parecían angustiosos por la incertidumbre de lo que llegaría. Ahora ya he aprendido que todo acaba siendo rutina.
Por cierto, te acompaño!!
Fran López Galán dice:
Es un mes singular septiembre, sin duda. Por muchas cosas. Para lo bueno y para lo malo. Es un final; también un principio.
Muchas gracias por visitar la página web y por leerme. Y, por supuesto, por acompañarme.