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2017. Página a página

Hace ahora justo doce meses estaba perdido en El mundo de uno de mis escritores favoritos, Juan José Millás. Fue la primera lectura de 2017, un año que fue especialmente emocionante en lo literario. Hacía tiempo que quería leer ese libro y, sin duda, fue, una vez más, un acierto. Millás pocas veces defrauda. Hablaba sobre su infancia y sus recuerdos, sobre su mundo durante años y sobre cómo todo eso se interpreta desde la distancia y la perspectiva del tiempo y en función precisamente de cómo lo recordamos. Una novela de cambios, como la idea que plantea Cesare Pavese en La luna y las hogueras. ¿Qué ocurre cuando alguien vuelve al sitio en el que empezó todo? La gente, los paisajes, las costumbres… Todo cambia o, tal vez, somos nosotros los que cambiamos.

Millás y Pavese flg

Pasaron unos días y entonces llegó Patria. Pocas veces me había metido tanto en una historia y había vivido tan intensamente el día a día de sus personajes. Debo confesar que temía decepcionarme después de escuchar tantas y tantas alabanzas. Poco después descubrí y entendí el motivo por el que se hablaba así de esta novela.

“No se te ocurra construir tu vida sobre la mentira y el silencio. Es lo peor. Te lo aseguro”.

Patria flg


Disfruté y sufrí a partes iguales con Nada crece a la luz de la luna y compartí intensamente el amor de Florence Green por los libros en La librería, una novela de Penélope Fitzgerald que meses después la directora Isabel Coixet llevó a la gran pantalla.

En Febrero viajé a Lisboa y volví a enamorarme de esa ciudad. A la vuelta, quise seguir paseando por sus calles y lo conseguí gracias a Alves & Cía, de José Maria Eça de Queirós pero, especialmente, con uno de los clásicos que me cautivó: Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi.

Tabucchi flg

Poco después asistí en Madrid a la presentación de La librería de los libros rechazados, la última novela del francés David Foenkinos y, a partir de ahí, leí algunos de sus títulos anteriores. Historias sencillas pero que te atrapan desde las primeras líneas como La delicadeza o Charlotte, escrita de forma sorprendentemente original.

La delicadeza flg

Fue con la historia de otro escritor francés, Olivier Bourdeaut, con la que me pasé horas sin poder despegar la vista de cada una de las páginas. Gracias a la recomendación de una amiga, descubrí Esperando a Mister Bojangles, una de las historias más originales que he leído en mucho tiempo.

Me gustó especialmente acercarme a la vida de James Sveck en Algún día este dolor te será útil, de Peter Cameron. Fue uno de esos libros con los que, en ciertas ocasiones, te sientes tan identificado con algún personaje que crees que el autor podría estar escribiendo sobre ti.

Algún día flg

Quien volvió a sorprenderme, una vez más, fue Matías Candeira con los relatos de su último libro Ya no estaremos aquí. Especialmente con Bosques tranquilos, aunque tengo que reconocer que todos y cada uno de ellos te envuelven en ese tono oscuro y a la vez brillante que se desprende de su estilo. ¡Qué bien escribe y qué envidia me da! Y la suerte que tengo de haber aprendido tantas cosas de/con él.

“La imaginación es una enfermedad”. 

Adoración y admiración eterna e incesante aplauso a Margaret Atwood. El cuento de la criada fue, es y seguirá siendo lectura obligatoria durante años. ¡Qué forma de meternos en ese mundo absolutamente aterrador! Admirable. He disfrutado tanto de ella que sus títulos no han dejado de crecer en mi mesilla de “lecturas pendientes”.

El cuento de la criada flg

Ahora me gustaría detenerme especialmente en una historia de la que escuché hablar cuando no era más que una idea y que deseé ver convertida en novela. Meses después, el sueño de uno de mis compañeros de trabajo se cumplió y sentí algo parecido a lo que debe sentir un tío al ver nacer a su sobrino. El periodista Roberto Martín publicaba Naúfragos, una novela en la red, una historia sobre varias personas que deciden partir en busca de ellos mismos en un momento caótico: el mundo paralizado por la muerte repentina de Internet. Si tenéis la oportunidad de leerla, ya estáis tardando en hacerlo. Es, de algún modo, el mundo visto a través de los ojos de Roberto, de un azul hipnotizante, por cierto.

Náufragos flg

Y con el verano llegó la magia. Si tengo que destacar especialmente algunos de los libros que he leído en los últimos meses, uno de ellos es, sin ningún género de duda, El vino del estío, de Ray Bradbury. Hay que leerlo.

“Las palabras sabían a verano”.

Volví a sumergirme en los mundos de Haruki Murakami. Sé que hay mucha controversia con él, el eterno aspirante al Nobel de Literatura, y sus obras. Aun así, me gusta leer sus historias y entrar en ese proceso de melancolía extraña que me provocan sus libros. A pesar de todo lo bueno que podría decir de él, debo confesar que De qué hablo cuando hablo de escribir, un libro de reflexiones sobre su visión del mundo del escritor y la literatura, me decepcionó bastante.

Sentí ganas de abrazar a Luisgé Martín después de leer su novela El amor del revés y salir corriendo a buscar a David Trueba para hablar durante horas con él cuando terminé Tierra de Campos, otro de esos libros de 2017. Muy recomendable y original, como siempre.

“[…] porque las canciones son cartas nunca enviadas, que se pudren en el bolsillo, como las cosas sin decir se pudren en el corazón y te hacen daño”.

En 2017 viajé por Estados Unidos con el libro Crónicas de Motel, de Sam Shepard, espié a los oscuros y, en algunos casos, inestables personajes de Cazadores en la nieve, de Tobias Wolff, aluciné con las historias de Quim Monzó en El porqué de las cosas y me acerqué –felizmente- más al gran Julio Cortázar con Todos los fuegos el fuego, uno de sus libros de relatos.

Todos los fuegos flg

Hay muchas más historias con las que he disfrutado a lo largo de 2017, pero las dos últimas me hicieron pensar y eso es algo que agradezco –y mucho- a los libros. Y a sus autores.

Me gustaría destacar, por un  lado, la novela Apegos feroces, de la escritora Vivian Gornick. Es un paseo por la vida de una joven que ve cómo no solo cambia su ciudad, Nueva York, sino también su vida y la vida de todos aquellos que la rodean. Una historia sobre quiénes somos y sobre aquellos que hacen que seamos precisamente eso, lo que somos.

Y, por otro lado, quiero también ensalzar y alabar la primera novela de Laura Ferrero: Qué vas a hacer con el resto de tu vida.

Qué vas a hacer flg

Ese título tan sugerente te hace viajar con Laura, una joven que decide buscar el sentido de su vida, entender de dónde viene con el objetivo de aprender y poder saber así hacia dónde va. Todos somos islas, dice, en medio de un inmenso océano.

“La verdadera vida ocurre dentro de nosotros, en ese terreno vasto, insondable y desconocido. No queremos saber nada de nuestros abismos. Quizá porque, como dijo Nietzsche, cuando miras mucho tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti”.

¡A por un 2018 repleto de buenas historias!

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