ACTUALIDAD, ARTE, BLOG

Aquellas pequeñas cosas | Semana #4

Un lugar

La semana comenzó con día festivo en Ciudad Rodrigo, mi pueblo. El 20 de enero se celebra San Sebastián, su patrón, y hacía años que no iba por allí en esa fecha. Por la tarde, a esa hora en la que la luz empieza a cambiar hacia un color dorado en días de sol, salí a pasear por el centro histórico. Me sorprendió ver que no había prácticamente nadie en la Plaza Mayor, algo casi imposible. «Aprovechando el día de fiesta, la gente se ha ido fuera», me dijeron.

Tuve una sensación extraña: de abandono, en parte, y de paz, por otro lado. Me gustó. Y no porque sea un enamorado de la decadencia, que también, sino porque me permitió disfrutar de mi pueblo como pocas veces antes me había ocurrido. Me dediqué a observar, algo que cuesta muy poco y es, al mismo tiempo, uno de los placeres más reconfortantes. Pensaba en la belleza de esa luz y en la tranquilidad que, a veces, da el silencio y me quedé ahí, parado, en medio de nada y en mitad de todo, al oeste del oeste, como me gusta referirme a esa zona, a mi pueblo, como si aquel fuera algún lugar al que poca gente más allá de mí y unas cuantas personas más podemos tener acceso. Y fui feliz.

Ciudad Rodrigo FLG

Un premio

El sábado se celebraron los Premios Goya. No voy a entrar aquí en si fue una gala aburrida o no. Solo quería destacar esta imagen.


Ver esta publicación en Instagram

Benedicta Sánchez, Mejor Actriz Revelación en el set @federopticos_oficial de los #Goya2020 📸 @papowaisman

Una publicación compartida de Academia de Cine|Premios Goya (@academiadecine) el

A veces una imagen tan simple, con tanta fuerza y tanta verdad, te hace pensar más que una película de cuatro horas o que un libro de cientos de páginas.

La vida de Benedicta es increíble. Como lo es ella.

F.

ACTUALIDAD, ARTE, BLOG

Gracias

“La vida es más compleja y está llena de gente extraordinaria que la hacen más interesante […]. Esas personas que ayudaron a esta niña tienen nombre. Doña Paquita, maestra de mi colegio y absolutamente entusiasta, que me animó a inscribirme a un programa radiofónico. Don Enrique, profesor de música, que vivía al otro lado de la calle y que, de una manera generosa, se ofrece a darme clases particulares y contribuir a desasnarme […]”.

Fueron las primeras palabras que pronunció Ana Belén tras recibir el Goya de Honor 2017. Un homenaje claro a quienes, de la forma más humilde posible, le animaron a dar los pasos necesarios para convertirse en quien hoy es. Un gracias inmenso a aquellos que fueron su mejor influencia.

Su discurso me hizo reflexionar sobre lo importantes que son esas personas cuyas palabras, gestos o miradas un día inocularon en nosotros esa sustancia que nos hace valientes ante el miedo, fuertes ante el fracaso y seguros ante el qué dirán.

Maestros que comprenden y enseñan. Profesores que guían y aconsejan. Docentes que valoran y apoyan.

Hace años una de mis profesoras me recomendó la lectura de Martes con mi viejo profesor, un libro que recoge las reflexiones sobre la vida entre un alumno y su profesor que, afectado por una enfermedad, afronta del modo más optimista, valiente y admirable sus últimos meses de vida. La historia real de un docente cuyas lecciones iban más allá del aula, mucho más allá del pupitre o la pizarra.

“Mi viejo profesor impartió la última asignatura de su vida dando una clase semanal en su casa, junto a una ventana de su despacho, desde un lugar donde podía contemplar cómo se despojaba de sus hojas rosadas un pequeño hibisco”. (Martes con mi viejo profesor, Mitch Albom).

Cuando lo leí por primera vez era adolescente y había partes que no entendía. Al releerlo no hace mucho tiempo supe por qué me lo había recomendado. Comprendí muchas de aquellas cosas que entonces me sonaban lejanas. Y por ello, le estaré eternamente agradecido. Y como a ella, a tantos otros que, de un modo u otro, marcaron mis pasos en diferente etapas.

Hace tan solo unos días una amiga maestra me habló sobre una campaña publicitaria que acaba de lanzar una empresa de contenidos educativos y que pretende volver a poner en valor la labor -la admirable labor- de los docentes. En una sociedad repleta de quienes ahora se hacen llamar influencers, es decir, personas influyentes, la propia acepción del término prácticamente ha perdido parte de su esencia. Porque entre todo ese ruido actual de figuras que pretenden dar consejos y lecciones, tal y como dice el vídeo de la campaña, “hay otros influencers mucho más poderosos”:

“Son ‘influencers’ reales que marcan nuestra sociedad generación tras generación. De ellos depende cómo seremos y cómo lo conseguiremos […]. Son personas como tú y como yo, pero con un poder extraordinario”.

Me gustó tanto esta campaña que me sentí en la obligación de darle difusión y, de la forma más humilde posible, hice un reportaje para laSexta noticias que podéis ver aquí.

Todo reconocimiento y apoyo a los maestros es insuficiente. Al menos una parte de lo que somos es gracias a ellos y su influencia contribuye a cambiar la sociedad. Una sociedad que, en muchas ocasiones, no les trata como merecen.

Tal y como dijo Ana Belén en su discurso sobre la cultura, la educación tampoco goza del mejor reconocimiento de las autoridades responsables de garantizar el futuro de su propio país.

Por eso, desde aquí, mi breve pero inmenso GRACIAS a todos y cada uno de nuestros profesores.

GraciasFLG